lunes, 15 de marzo de 2010

Monologo


O de qué manera cierto tipo de retórica desluce lo que procura enaltecer.

El humor, definitivamente, tiene rostro de mujer; más aún si quien lo escribe es un hombre.

La crítica peyorativa a las actitudes femeninas es un humor fácil y entretenido, especialmente para la platea masculina que brama de risa ante las ocurrencias exageradas y algunas veces desopilantes del animador.

Y en verdad, esa noche, todos nos sentimos identificados con el discurso que, lleno de situaciones comunes, cotidianas y desorbitadas, elevadas a la enésima potencia, nos hacían reír (como decía mi abuela) a mandíbula batiente.

Estuvo bueno, hilarante y ocurrente, pero aquí no puedo evitar mi remanida frase de “me quedé pensando…”

¿Puede estar tan desnivelada la balanza?

El monólogo mostraba mujeres caprichosas, inmaduras, casi adolescentes, egocéntricas, manipuladoras, interesadas, desconformes, envidiosas, casi odiosas que interactuaban en infinidad de circunstancias con un macho bueno, dócil y paciente hasta la indolencia.

Es entonces que me pregunto entre la risa y el espanto ¿Qué les habremos hecho a esos pobres seres humanos? ¿Cómo es que aún con el antecedente de nuestra constante y poco cauta crueldad les quedan fuerzas para la oratoria?

Y lo peor, ¿Cómo es que ningún representante del género se haya preguntado el por qué?

Chicos, ¿Y la autocrítica?

El espectáculo termina y me voy riendo todavía, aunque insatisfecha y triste con ese mensaje pobre que deja tan mal parados a nuestros machitos, incapaces de esgrimir más armas que la queja.

En ningún momento hay un punto de inflexión, ni siquiera un tibio redondeo. Eso hace que las fuerzas no puedan equipararse y los roles quedan categóricamente delimitados: víctimas y victimarios, cosa que, afortunadamente, está muy alejada de la realidad.

La victimización del género no hace más que mostrarlos como seres domesticables, carentes de propia voluntad y apresados en medio de una lucha desigual.

En lo personal, me niego a creer que así sea.

Los hombres son vigorosos, hermosas criaturas del deseo. Los mejores compañeros en la paz y los más relevantes enemigos en la guerra. El hecho de ser poseedores de una psicología tan particular y tan ajena al pensamiento femenino, los hace interesantes y más apetitosos (ejem…)

Entonces dejémonos de pavadas! Saquen a relucir el ingenio, pónganse los largos de una vez!

Porque el humor es una de las manifestaciones más ricas del arte y el arte es un generador espontáneo de vínculos.

Porque en los tiempos que corren necesitamos estrechar esos vínculos, así que mejor fumemos la pipa de la paz.

Y si quieren seguir peleando, pues bien, las chicas queremos tener adversarios fuertes, bravos y dignos, para caer rendidas en sus brazos, saborear intensamente la tregua y una vez recobradas las fuerzas volver a comenzar.

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